ACERCA DE "LA PESTE", APROPÓSITO DE LAS PESTES
Por José Luis Solís
"Me avengo a ser
lo que soy, he conseguido llegar a la modestia"
Albet
Camus "La Peste"
1. LA PESTE
Por
qué Albert Camus eligió como temática de su novela
"La Peste", a la peste misma como tema y como
co-protagonista,
es una pregunta de difícil respuesta, por lo menos si ésta
respuesta pretende un carácter
totalizador.
Yo tengo mi propia teoría o, en todo caso, he realizado una lectura
más o menos interesada y
comprometida
con las cuestiones que hoy ocupan mis pensamientos. Veamos.
La
Peste - desde ahora con mayúscula - es un antiguo símbolo
humano y es a la vez mito y misterio. Dios la utilizó
para
castigar a los egipcios por esclavizar y retener a su pueblo elegido. En
dicha leyenda bíblica, peste y plaga
funcionan
como fuerzas que escapan al dominio y control de los hombres. En la época
del Éxodo, no había vacunas
ni
plaguicidas como hoy no hay máquinas que eviten los terremotos o
los tifones. Digo que es a la vez mito y
misterio,
ahora agregaré a ésto la figura del símbolo: La humanidad
construye sus símbolos a lo largo de la historia
y
éstos conviven con los mitos en los planos más inferiores
del inconsciente social. La Peste con su sólo nombre nos
sigue
aterrando a pesar de las vacunas y los avances de la medicina. Durante
unos poquísimos años (entre las
décadas
del 40 y el 70 ) nos dimos el lujo de asumirnos como positivistas, optimistas
convencidos de que, bioquímica
mediante,
ninguna enfermedad podría ya perturbar nuestra seguridad. Estamos
a cinco años del 2000 y nuevas
enfermedades
cosechan vidas humanas sin que la ciencia pueda hacer algo contra ellas.
En la década del ‘40,
cuando
Camus publicó "La Peste", pensar en una gran epidemia de peste bubónica
resultaba sino fantástico, de
cierto
mal gusto. Conociendo a Camus esto no tiene nada de extraño. Pero
antes de continuar detengámonos un
poco
en algunas consideraciones sobre el género novelesco.
2. LA NOVELA
La
novela es una estructura literaria muy amplia. Es un género típico
de los tiempos que corren, y de los que la
vieron
nacer. La novela, sin ser cuento ni poesía, es sin duda una pieza
literaria que ha permitido alcanzar grandes
glorias.
Pero en mi opinión, se trata del género literario más
impuro, o si se quiere, más híbrido. En una novela no
sólo
se cuenta una historia - como en el cuento, la epopeya o la tragedia -
ni se concentran demasiado los esfuerzos
del
autor en la musicalidad y el metro de las oraciones - como la poesía
-. Hay indiscutiblemente algo más. La
novela
cuenta una historia, a veces sus oraciones son bellas y alcanzan un alto
grado de elaboración poética, pero
hay
algo más. La novela además de la historia (trama) debe dar
cuenta del ámbito, del entorno, del ambiente. Debe
ser
además humanamente creíble, por lo tanto, generalmente, el
tema de las novelas son las personas ( devenidas en
personajes)
con sus miserias y grandezas, con su coraje y cobardía. En la novela,
en toda novela, el gran debate
moral
humano se reinicia, se cuestiona y se deriva hacia una incertidumbre que
constituye el Misterio de la moral.
La
novela es una pieza artística que se asemeja a la tragedia en su
objetivo moralizante. Contrario es lo que puede
ocurrir
con la poesía, que en nombre de la belleza no conoce otro límite
que el formalismo de la lengua - que muchas
veces
también cuestiona -. La novela es un ensayo moral despojado de todo
método analítico, es una doxa
puramente
moral que no pretende demostrar la verdad desde los enunciados de la razón,
sino desde los
fundamentos
morales de la sociedad. Esto es válido prácticamente para
toda novela, tanto para el "Ulises" de
Joyce,
como para la novela rosa o los policiales eróticos de Corín
Tellado. ¿En qué se diferencia entonces una
novela
de un ensayo sobre la moral, escrito por un filósofo o por un religioso?
Se diferencia en algo muy
importante,
tan importante, que coloca a la novela en el lugar del gran testificador
de la condición humana
moderna.
La novela, desde su falta de objetividad, esto es, desde los valores, penetra
en los hombres suavizada por
el
bagaje de belleza, interés e identificación que éstos
experimenten en el acto estético de la lectura. Desde mi
humilde
punto de vista, la novela como género literario es el de menor valor,
pero es a la vez uno de los mejores
vehículos
de edificación moral que los hombres modernos poseen. En estos tiempos
en donde la religión es una
burocracia
más, en donde las pasiones socialmente aceptadas se reducen a la
ávida acumulación de bienes
perecederos,
el hombre, animal sediento de eternidad, encuentra en la novela ese refugio
solitario e íntimo. Creo
que
Albert Camus percibió ésto y desde el primer momento se comprometió
con la humanidad desde su literatura.
Veamos
ahora qué podemos extraer de "La Peste" como discurso moral, como
proclama de humanismo lanzada a
los
hombres desde una disimulada ingenuidad.
3 LA OBRA
La
trama de "La Peste" carece de todo artilugio fascinante o catastrófico.
No es una novela de acción, ni permite
la
fácil catarsis de las modernas películas norteamericanas
sobre el género. La Peste es un hecho, algo inexplicable
que
de pronto y con absoluta impunidad se instala en medio de la gris felicidad
de los hombres, para segar sus vidas
y
sus vanas esperanzas. Esto me recuerda ciertas pinturas pre-renacentistas
en donde los infiernos aparecen
repletos
de cuerpos desnudos, flacos, miserables, abandonados a las iras de los
demonios. Ese grado de
degradación
y de miseria, se asemeja mucho al de la enfermedad, en donde el hombre
yace postrado en la miseria
de
su encarnadura doliente. Si esta enfermedad ataca a la sociedad toda, enfermándola,
esa miseria y ese dolor se
hacen
extensivos a todos.
Una
peste en el norte de Africa, en una ciudad poblada por europeos en la década
del '40, resulta un argumento un
tanto
rebuscado. Pero en esta elección de la historia Camus inicia su
crítica implacable. Los sueros no son eficaces,
el
sistema sanitario pronto se ve superado, la burocracia estatal se aferra
desesperadamente a sus ineficientes
reglas.
En suma, la desesperación y el asombro se apoderó de los
hombres. Al principio todo parece una broma, los
médicos
no pueden dar crédito a eso que pulula bajo sus microscopios: ese
monstruo estaba ya extinto en
Occidente
desde hacía siglos. Pero a la Peste poco le importan las opiniones
de sus víctimas, avanza implacable
sobre
la ciudad toda y se instala como reina indiscutible. Hasta aquí
la historia, lo que resta ahora son los hombres,
los
individuos que construirán, a partir de este fenómeno natural,
una tragedia, una trama moralizante.
4 LOS HOMBRES
Además
de la Peste, la novela es protagonizada por seis hombres (paradójicamente
el número de la Bestia) al que
se
suma un cronista anónimo (el narrador), que en cierta manera da
la suma del siete divino de la esperanza. Cada
uno
de estos hombres refleja una fasceta arquetípica de la condición
humana. El médico (Rieux) es un soldado que
se
enfrenta a un enemigo que sabe superior, pero que, consciente de su deber
(al que llamará luego la abstracción),
se
dispone a jugarse entero en la partida. Tarrou es un hombre de profesión
desconocida que encarna la elevación
moral
del escéptico moderno; es un hombre que desde el descreimiento en
toda solución política, encara
junto
al doctor la implementación de brigadas sanitarias que terminarán
dando un poco de alivio a los enfermos.
Pero
Tarrou no es sólo eso, es además un hombre que busca explicarse
el camino de la santidad y que, a pesar
suyo,
no descarta del todo la posible existencia de Dios.
Paneloux
es un jesuita que ve desmoronarse la Nueva Alianza entre tanto dolor. Sus
explicaciones intelectuales no
alcanzan
el horror de la muerte, su fe se ve cuestionada y el misterio adquiere
características intolerables. Paneloux
es
la imagen de la crisis de los dogmas de la fe, la fe es algo demasiado
valioso para ser encorcetado en una
religión
y esto es lo que Camus se encarga de mostrar a través de todos sus
personajes pero haciendo eje en el
jesuita.
Rambert es un periodista que por esas cosas de la casualidad (ese monstruo
que atormenta al destino ) y de
la
profesión se ve atrapado por la cuarentena en la ciudad. Quiero
hacer un alto en la descripción de los personajes
para
destacar el valor que Camus da aquí a la casualidad, al azar; el
caso de Rambert es sólo uno de los miles que
ocurren
durante la Peste, el hombre aparece como un jugete indefenso ante los azarosos
embates de la casualidad.
El
hombre sometido por la casualidad tiende a deprimirse y a sentirse disminuido
a una miserable partícula dentro
del
universo. La casualidad nos arrebata del mundo simbólico y nos ubica
violentamente en el mundo de la
naturaleza.
Salgo un dia a la calle, antes de ese momento ha habido una historia personal
y social girando alrededor
de
mi persona, más allá de ese momento hay un futuro que me
incumbe y que incumbe a muchos otros, pero la
casualidad
hace que un automóvil me aplaste en plena calle y todas esas historias
y planes futuros terminan en una
sala
de velatorios. La naturaleza, de la mano de la muerte, sacude nuestro frágil
mundo humano mostrándonos el
lado
oscuro de nuestra existencia.
La
importancia de Rambert es muy grande porque encarna el eterno dilema humano
entre priorizar los deseos
propios,
egoístas (lo que Camus llama la felicidad) y los intereses de la
sociedad (la abstracción) . Es quizás la
representación
del hombre corriente; ni demasiado malo, ni demasiado bueno. Sin embargo,
desde su optimismo
moral,
Camus prefiere la esperanza y la justa preeminencia del Bien.
Grand,
un viejo empleado municipal, es para el autor el verdadero héroe
de la novela. Este héroe encierra una
ironía
y una ilusión de redención del hombre gris, perdido en la
masa, anidando su creación.
"Si
es cierto que los hombres se empeñan en proponerse ejemplos y modelos
que llaman héroes, y si es
absolutamente
necesario que haya un héroe en esta historia, el cronista propone
justamente a este héroe
insignificante
y borroso que no tenía más que un poco de bondad en el corazón
y un ideal aparentemente ridículo.
Esto
dará a la verdad lo que le pertenece, a la suma de dos y dos el
total de cuatro, y al heroísmo el lugar
secundario
que debe ocupar inmediatamente después y nunca antes de la generosa
exigencia de la felicidad."
El
sueño de Grand es escribir una frase perfecta, tan perfecta que
casi es imposible.
Dejo
el último lugar a Cottard por tratarse del personaje de menor altura,
más bien lo que interesa en él es lo
abismal,
lo profundo, lo infernal. Se trata de un marginal que encuentra en la Peste
una auténtica bendición, una
aliada
que no sólo le permite enriquecerse materialmente mediante el contrabando,
sino que además le permite, por
primera
vez, sentirse un igual, un ciudadano prestigioso. El sueño de Cottard
es el sueño infantil del marginal, que
pretende
igualar a la sociedad toda a su condición; con la Peste todos somos
miserables, todos somos fugitivos,
todos
somos marginados.
Con
este escaso y heterogeneo ejercito la humanidad enfrenta ese castigo que
es la Peste. Cada uno a su manera
atribuirá
a la plaga una causa y un efecto. Pero hay algo que es seguro: la Peste
obliga a los hombres a verse a sí
mismos,
a dar importancia a las cosas que realmente lo son. Les hará ver
además su inmensa pequeñez y sus
profundas
miserias. Ante tanto horror, Albert Camus confronta una luz de esperanza,
una misteriosa actitud de los
hombres
que les permite hallar su humanidad en el fondo de las peores catástrofes.
Octubre 1995