Por Guillermina Rosenkrantz
La narrativa de El beso de la mujer araña se desplaza
en el espacio textual delimitado por los muros de la prisión. En
ésta se encuentran confinados dos sujetos, un homosexual y un guerrillero,
siendo justamente tales condiciones el motivo de su encierro. Molina, homosexual
de 37 años, ha sido acusado y sentenciado por corrupción
de menores debiendo cumplir una condena de ocho años. Valentín,
activista político de 26 años, se encuentra detenido a disposición
del Poder Ejecutivo y en espera de juicio que determine su condena. Ambos
personajes comparten el restringido espacio de la celda por aproximadamente
seis meses, de abril a octubre de 1975. Se nos presenta así el escenario
en el que se despliega y desarrolla una intensa relación que articula
el poder y el placer, más específicamente la política
y la sexualidad. Estas son básicamente las cuestiones en derredor
de las cuales giran los debates y discusiones entre ambos, las historias
fílmicas narradas por ellos a la vez que las notas autoriales a
pie de página.
El diálogo gira en torno de las narraciones fílmicas
de Molina, quien relata a Valentín sus películas favoritas
con minuciosidad y detalle. Valentín en un principio se muestra
desinteresado y reacio pero luego se entrega a la magia de la narración
hasta ser él mismo quien solicita a su compañero que retome
y continúe. El ruego de Valentín a Molina para que éste
siga contando historias modifica la dinámica establecida, determinando
un ordenamiento diferente de uno con respecto al otro y de ambos en relación
a las crónicas.
La seducción que ejercen en Valentín los relatos de Molina
demuestra que en el texto la estrategia del narrar, de la que hace uso
principalmente Molina, tiene el poder de subvertir posiciones. La trasmudación
más evidente es la que ocurre en Valentín, quien pasa de
la posición de comentarista crítico a la de oyente embelesado.
En un comienzo Valentín desarrolla una escucha cautiva -fuertemente
ligada a sus preconceptos, asimila los relatos de Molina a su bagaje político
y construye una hermenéutica a partir de la extrapolación
de fórmulas esquemáticas, basadas en una lógica dicotómica.
Sus interpretaciones impiden el desglosamiento de las situaciones planteadas
en los distintos filmes ya que adjudican a éstas significaciones
estereotipadas rayanas a lo dogmático. Un claro ejemplo se nos presenta
cuando Valentín interrumpe a Molina en el relato de "La marca de
la pantera" ("Cat people" en su título original) para pedirle que
describa a la madre de uno de los protagonistas. Molina, entusiasmado,
realiza una detallada descripción a la que Valentín añade
comentarios que son claramente la aplicación de esquemas fijos que
pretenden analizar las relaciones humanas.
-Sí, está siempre impecable. Perfecto. Tiene sirvientes,
explota a gente que no tiene más remedio que servirla por unas monedas.
Y claro, fue muy feliz con su marido, que la explotó a su vez a
ella, le hizo hacer todo lo que él quiso, que estuviera encerrada
en su casa como una esclava para esperarlo (Pág. 22).
El peso de la ideología en Valentín se hace evidente
una vez más cuando presenciamos su disgusto frente a la narración
de la película "Destino", pastiche o reconstrucción imaginaria
de propaganda nazi.
-... ¿Te gusta la película?
-No sé todavía, ¿a vos por qué te gusta
tanto? Estás transportado.
-Si me dieran a elegir una película que pudiera ver de nuevo,
elegiría ésta.
-¿Y por qué? Es una inmundicia nazi, ¿o no te
das cuenta? (Pág. 63).
Valentín descalifica a Molina al sugerir que éste no
posee las herramientas intelectuales necesarias para discernir el controvertido
contenido político de "Destino". Desdeña la supuesta carencia
interpretativa de su interlocutor que lo dejaría anclado, de acuerdo
a la visión de Valentín, en el terreno infértil del
placer estético. Se establece de esta manera una tajante división
entre lo que significa una definición ética del arte y el
mero goce estético, argumento al cual acude Molina para justificar
su elección.
-Me ofendés porque te ... te creés que no ... no me doy
cuenta que es de propaganda na ... nazi, pero si a mí me gusta es
porque está bien hecha, aparte de eso es una obra de arte, vos no
sabés po ... porque no la viste (Pág. 63).
Hacia el final de El Beso asistimos a una radical transformación.
Se evidencia un cambio fundamental en la posición de Valentín
respecto de los relatos de Molina. Valentín pide a su compañero
de celda que escoja él una película de entre sus favoritas
para narrarle, presentándole como único requisito que sea
una que realmente le haya gustado. La condición que impone Valentín
es perfectamente asimilable a lo que Molina postulaba como criterio rector
de sus elecciones: el goce estético.
-¿Sabés una cosa? Pensá en alguna película
linda, ... y me la empezás a contar cuando termine de estudiar,
mientras se hace la comida.
-Bueno ...
-...
-¿Y qué película querés que te cuente?
-Una que te guste mucho a vos, no me la pienses para mí.
-¿Y si no te gusta?
-No, si te gusta a vos, Molina, me va a gustar a mí, aunque
no me guste (Pág. 225).
Se ha dado un viraje por el cual Valentín suspende toda interpelación
crítica, anula juicios evaluativos y valorativos y en identificación
con Molina accede al placer per se de la narración. Se ha instaurado
lo especular -"si te gusta a vos me va a gustar a mí"- despojando
a Valentín de aquellos principios que sostenía con vehemencia:
compromiso político y contenido ideológico. Es decir, se
sustrae de la "dietética" política reguladora de su pensamiento
y acción, deja en suspenso sus prescripciones y restricciones y
accede a un placer desconocido hasta entonces. La conciencia política
de Valentín cede lugar a la erogeneidad de los sentidos. La posición
de Valentín en este momento dista de aquella que excluía
de su universo a los placeres sensuales, tal como lo afirmara con anterioridad:
"No me conviene cultivar los placeres de los sentidos ¿te das cuenta?
porque son de verdad secundarios para mí" (Pág. 33).
De la órbita del placer mediatizado, es decir, el placer activado
por la bisagra del compromiso político, Valentín ha realizado
un pasaje por el cual la palabra -bajo la forma de la narración,
produce como efecto el placer inmediato.
Molina, en su defensa de la película "Destino", apelaba a aquello
que Gillo Dorfles conceptualizó como el elemento primordial
del sistema kitsch: la emulación de la belleza. De este modo, Molina
sostiene a la belleza como paradigma de su particular cosmovisión.
La cualidad de lo bello será la que ordena su realidad, funcionando
como filtro para la aceptación o rechazo de las diferentes representaciones
y percepciones que conforman su universo mental.
La predominancia de lo bello como valor imperativo se encuentra signada
por la equiparación de la belleza con la plenitud y en este sentido
consolida la ilusión del negativo de la castración -en tanto
falla, quiebre o falta. Lo bello es entonces aquello que se muestra como
completo. Y de esta sentencia se apropia el kitsch. Obedeciendo a tal principio
rector, este sistema nos ofrece representaciones miméticas totalizantes.
Se erige en copia de lo absoluto constituyendo el arte de la imitación
sin fisuras, sin falta. De allí, su condición de hiper-representación.
Dentro de este marco, y encuadradas en dicho sistema, interpretamos
las crónicas fílmicas a las que acude Molina al evocar películas
que pertenecen a lo que pudiéramos llamar un orden cerrado, en tanto
presentan una serie de reglas fijas. Estas películas se organizan
a partir de un protagonista-héroe y varios personajes, y nos brindan
el desarrollo de diferentes situaciones comandadas en todos los casos por
una intensa descarga de afectos primordiales. El estilo será entonces
la exageración. Dichas películas representan escenas prototípicas
de amor-odio, alianza-traición, vida-muerte. Se trata de la recurrencia
de la repetición. Escenas diversas cuya enunciación primaria
las homologa en cuanto pertenecen al orden del cliché. Se instaura
el régimen del "lugar común". Se imprime la fijeza del "ya
ocurrió" a lo "por-venir".
Podemos tomar como ejemplo la película "Destino", cuyo título
en inglés "Fate" resulta aún más elocuente dado que
enuncia el encapsulamiento de lo predeterminado. Esta película presenta
como escenario la ocupación de Francia por tropas alemanas. La manera
en que Molina introduce su relato condice con la estética kitsch:
tropas de soldados guapos, mujeres embelesadas que aplauden, símbolos
nacionalistas, el Arco del Triunfo, es decir, una serie de emblemas de
esplendor.
-Estamos en París, hace ya unos meses que los alemanes la tienen
ocupada. Las tropas nazis pasan bien por el medio del Arco del Triunfo.
En todas partes, como en las Tullerías y esas cosas, está
flameando la bandera con la cruz esvástica. Desfilan los soldados,
todos rubios, bien lindos, y las chicas francesas los aplauden al pasar
(Pág. 55).
La película aborda de un modo tangencial, a través
de una historia de amor frustrada entre un oficial alemán y una
muchacha francesa, el enfrentamiento de intereses nacionales contrapuestos.
Esta ficción enmarcada representa lo que a otro nivel de la ficción,
ya en la trama de la novela, se articula como enfrentamiento de intereses
políticos en el seno de una misma nación. En el filme se
presentan claramente dos fuerzas en pugna, la invasión alemana y
la resistencia francesa. En El Beso contamos con los representantes de
un poder central estatal -las autoridades carcelarias- y por otro lado,
la disidencia, representada por Valentín en lo político y
por Molina en lo moral. La película nos presenta la historia de
Leni como repetición de una historia anterior encarnando la idea
de un destino cerrado, predeterminado, el “fate” que es título de
la película y articula su trama. La repetición es entonces
la clave.
A otro nivel podemos afirmar que la historia que dicha película
desarrolla, construye ficcionalmente la representación -de manera
anticipatoria, de la muerte de Molina. En ambos casos, tanto en la historia
de Leni como en la de Molina, se interpone una bala mortal que quiebra
un pacto. Se trata de un pacto de amor, dado que éste es el operador
de la alianza que conduce tanto a Leni como a Molina a la acción
política. Se produce una inversión interesante en este juego
de espejos entre los personajes de Leni y Molina. Leni en un principio
forma parte de la resistencia pasando a ser luego colaboracionista, mientras
que Molina realiza el pasaje desde el colaboracionismo a la resistencia,
tal como nos lo devela la trama argumental de la novela. El final de ambos
duplica una misma instancia: así como Leni muere en manos de la
resistencia, así muere Molina en manos de los guerrilleros. Tanto
en una como en otra historia es eliminado por la resistencia quien se opone
-Leni- y quien colabora -Molina-, es decir, aquella presencia exógena
que de algún modo pretende participar. El efecto es de un marcado
contraste; el glamour del héroe-heroína romántica
se encuentra en ambos casos teñido de sangre .
Por otro lado, la muerte de Molina confronta al discurso de Valentín
en favor de la lucha política como medio para imponer a la sociedad
los valores de la igualdad y la justicia, ya que sus colegas resultan responsables
de la muerte de un inocente. Puig estaría desarticulando visiones
maniqueas. Es decir, si bien el discurso mesiánico de Valentín
logró en algún momento conmovernos y que adhiriéramos
a algunas de sus proclamas, la muerte de Molina, cruenta e injusta, nos
enemista con tal discurso.
Molina muere una muerte romántica-heroica-sacrificial, a la
manera de Leni en "Destino" y del padre de la protagonista de la película
narrada en el capítulo seis. El final de Molina, de este modo, reduplica
las diferentes inscripciones de la muerte que en diseminación presentan
las películas narradas. De esta manera, las crónicas
fílmicas se constituyen en las mediaciones a través de las
cuales Puig enuncia una verdad que ocurre en otro plano de la ficción.
Así, lo que la ficción descubre es la ficción misma.
Es decir, la ficción que se articula en las crónicas anticipa
y en este sentido descubre, lo que conformará la ficción
del texto.
Podemos afirmar que en El Beso Puig nos presenta operaciones textuales
pertenecientes a la autorreferencialidad, en el sentido que la ficción
de los textos narrativos de las películas prefigura, anticipa y
articula lo que se presenta a nivel de la ficción del texto. Es
decir, los relatos fílmicos tematizan las cuestiones que Puig desarrolla
en la novela. En los relatos enmarcados presentes en El Beso registramos
la presencia persistente de ciertos enlaces causales. Por un lado, el que
conforman sexo-muerte y por otro, la tríada traición-sacrificio-muerte.
En "La marca de la Pantera" cualquier acercamiento sexual a Irena -la protagonista,
se revelará como fatal; en "Destino" el amor de Leni hacia Werner
entra en conflicto con intereses nacionales, lo que se resolverá
a través de un intento de traición fallido que desemboca
en la muerte de la protagonista. En la cuarta película -la tercera
en narración ya que la anterior es registrada bajo la forma de monólogo
interior -nuevamente presenciamos una muerte fruto de la traición,
a la que se añade un componente inmolatorio. Se describe el rapto
del padre del protagonista -un playboy sudamericano, a manos de un grupo
guerrillero y la tentativa de rescate por parte del hijo. En esta trama
nuevamente se representa la traición, cuando el hijo convence a
los guerrilleros de que él es un aliado; el sacrificio, en el acto
mismo del pago del rescate por parte de la novia francesa del hijo; la
muerte, cuando los terroristas matan de un disparo al padre. Este, en un
acto inmolatorio -y aquí aparece nuevamente aquello del orden del
sacrificio- se interpone a la bala que iba dirigida a su hijo. Estos nexos
causales operan a modo de núcleo ordenador prefigurando, a la vez,
el trágico final de los protagonistas, Valentín y Molina.
Si bien hay un entramado intertextual, es decir, ficciones que se conjugan
con ficciones de diferente orden y tejen la trama de la novela, Puig, por
otro lado, se estaría declarando en contra de la autonomía
absoluta de la literatura al incluir el discurso científico y solapadamente,
el discurso ideológico de una época. Tal operación
la realiza a través de las notas al pie. Por intermedio de éstas
plantea distintas teorías científicas explicativas de la
génesis de la homosexualidad, citando a autoridades en la materia,
exponentes de muy variados paradigmas teóricos: D.J. West, T. Lang.
C.M. Pare, J. Money, T. Gibbons, S. Lewis, S. Freud, A. Freud, O. Fenichel,
O. Rank y H. Marcuse entre otros. La textualidad narrativa recibe la apoyatura
suplementaria del discurso científico. Puig declara al respecto:
-Entonces me dije a mí mismo: bueno,la información ha
sido violentamente negada, entonces yo violentamente la voy a incorporar
a la narración; estará allí como una explicación,
una nota al pie, sin tener nada que ver con el texto, el texto literario,
quiero decir .
Observamos una secuencia de desplazamientos narrativos que construyen
una cadena: cada historia o relato reemplaza al anterior guiando a su vez
a un nuevo relato. Este engarce ininterrumpido de historias exalta el funcionamiento
metonímico del discurso, es decir, la sustitución infinita
que elude la cristalización de un final. La concatenación
incesante de relatos tiene el doble cariz de significar un triunfo sobre
la muerte a la vez que un fracaso frente a su ineludibilidad. A la manera
de Las mil y una noches dejar de narrar significa morir. Al acecho de la
muerte, representado por el fin de estas historias de trágico final,
se le opone el renacimiento del nuevo comienzo, la posibilidad de continuidad
que marca la persistencia de los relatos. Pero el poder despótico
de la muerte siempre se impone.Sobrevivir y negar la muerte en este texto
implica a la vez vivir con un texto que debe morir.
Los relatos de películas toman lugar en el momento en que se
apagan las luces del penal, momento previo al sueño, configurando
en los compañeros de celda el espacio mental de la ensoñación.
De esta manera, las narraciones obturan el pensar sobre la realidad fáctica
dando lugar a representaciones correspondientes a lo que pudiéramos
llamar un orden lúdico . Se evidencia el esfuerzo por parte de los
prisioneros por llenar con historias ficticias el espacio reducido de la
celda cuya realidad represiva y potencialmente fatal intentan desmentir
.
-Mirá, tengo sueño, y me da rabia que te salgas con eso
porque hasta que te saliste con eso yo me sentía fenómeno,
me había olvidado de esta mugre de celda, de todo, contándote
la película.
-Yo también me había olvidado de todo.
-¿Y entonces?, ¿por qué cortarme la ilusión
a mí, y a vos también? ¿qué hazaña es
esa? (Pág. 23).
Es evidente el uso premeditado de los relatos como única vía
de evasión y a la vez como instrumento de confrontación,
en un pasaje en el cual Valentín confirma a Molina la potencia de
los mismos. Molina se encuentra haciendo el racconto del último
film pero embargado por la tristeza se detiene. Valentín interrumpe
el silencio con las siguientes imprecaciones:
-¿Por qué te callás?
-...
-No te pongas así ...
-¡Carajo! te he dicho que hoy acá no entra la tristeza
¡y no va a entrar!
-No me sacudas así.
-Es que hoy le vamos a ganar a los de afuera (Pág. 235).
Las seis películas cuyos argumentos son contados con detalle
por Molina cumplen la función de aplazar el tiempo, la conciencia
crítica y emplazar una realidad diferente. La alusión permanente
a una realidad ficticia, específicamente cinematográfica,
la concebimos como un recurso frente a la inmovilidad e impotencia implicadas
en el encierro carcelario. Los relatos -en contrapunto con la fijeza del
encierro- generan la movilidad psíquica que permite a los personajes
apropiarse de otros modos de existencia. De allí se desprende el
plus de placer que los mismos brindan. La narrativa indirecta por la cual
las películas son relatadas en la novela, articula implicaciones
en las que se encuentran cifradas la subjetividad y el deseo.
Los personajes de los relatos funcionan para Valentín y Molina
como pantalla de proyección de fantasías y deseos inconcientes,
que a la manera de espejo devuelven una imagen ilusoria de sí mismos.
Se destaca en ambos el afán de búsqueda de modelos en el
seno de estas narraciones. Un claro ejemplo se nos presenta en el pasaje
en el que Valentín interrumpe a Molina en su relato de "Cat People",
claramente intrigado:
-¿Con quién te identificás?, ¿con Irena
o la arquitecta?
-Con Irena, qué te creés. Es la protagonista, pedazo
de pavo. Yo siempre con la heroína.
-Seguí.
-¿Y vos Valentín, con quién?, estás perdido
porque el muchacho te parece un tarado.
-Reíte. Con el psicoanalista. Pero nada de burlas, yo te respeté
tu elección, sin comentarios. Seguí (Pág. 31).
Los personajes con los cuales se han identificado desentrañan
la aspiración que cada uno sostiene como ideal. Molina ha elegido
a Irena, la protagonista, muchacha que frente al surgimiento del deseo
sexual masculino se bestializa transformándose en pantera. Irena
rechaza la emergencia del deseo sexual -se resiste a mantener relaciones
sexuales con su marido- pero por otro lado concita tal deseo, dado que
logra seducir al psicoanalista. La seducción, el deseo sexual y
la transformación en animal serían las variables en juego
que caracterizan a este personaje. Podríamos pensar que Irena modela
el devenir de Molina. Se nos presenta una escena en la que Valentín
y Molina se encuentran profundamente emocionados por la inminencia de la
partida de éste, quien ha conseguido su libertad condicional. Molina,
habiendo ya seducido a Valentín hasta el punto de lograr el ansiado
acercamiento sexual, le demanda un beso. Valentín responde al pedido
y agrega: "-Vos sos la mujer araña, que atrapa a los hombres en
su tela" (Pág. 265) . O sea, a la manera de Irena, se conjugan ahora
en Molina el deseo sexual, la seducción y la transformación
-en el imaginario- en animal. De este modo, Molina se transforma en mujer-seductora-animal
coincidiendo así con quien fuera su modelo. Por su parte, Valentín
al elegir la figura del psicoanalista estaría proyectando en éste
capacidad de análisis, develamiento y resolución de conflictos,
o sea, capacidades inherentes al ejercicio de tal profesión. Si
bien la elección de Molina tiene que ver con proyectarse como mujer
irresistiblemente peligrosa, femme fatale, Valentín opta por ser
"cabeza pensante". Valentín reviste así con una mascarada
intelectual un deseo que corresponde a otro orden. La trama de la película
demuestra que el motor básico del accionar del psicoanalista responde
al deseo de poseer sexualmente a Irena. Este resulta un deseo frustrado,
que el psicoanalista paga con su propia vida al morir a manos de Irena.
Pero en realidad tal deseo, en desplazamiento, es el que finalmente logra
cumplir Valentín, al poseer sexualmente a Molina. No es el psicoanalista
entonces sino Valentín, no se trata de Irena sino de Molina. Resulta
muy clara la intensa asociación Irena-Molina por parte de Valentín,
tal como aparece en el siguiente pasaje:
-Tengo una curiosidad... ¿te daba mucha repulsión darme
un beso?
-Uhmm... Debe haber sido de miedo que te convirtieras en pantera, como
aquella de la primera película que me contaste (Pág. 264).
Vemos así que la narrativa indirecta ubica a Valentín
y Molina en diferentes lugares identificatorios. A partir del diálogo
que incitan los relatos fílmicos se da el despliegue de una serie
de intercambios, de procesos proyectivos e identificatorios. Es decir,
se sostiene una especie de relación contractual en la que los interlocutores
se oponen, se diferencian y a la vez se reconocen en el despliegue de sus
emociones. La celda -espacio por excelencia representativo de la exclusión,
se constituye en una especie de matriz en la que la palabra en forma de
diálogo tiene un valor genésico. Asistimos al final de la
novela al surgimiento de dos nuevos sujetos en una suerte de intercambio
de identidades.
Por otro lado, el encierro que los margina de todo otro contacto
social se erige en condición fundamental para su liberación:
en un caso del temor ante la política; en otro ante la homosexualidad.
En este sentido, paradójicamente la cárcel que impide la
circulación social induce a la apertura individual.
Es decir, el posicionamiento inicial de ambos sujetos, Valentín
-guerrillero subversivo y Molina -homosexual, narrador incansable de películas,
sufre una trasposición fundamental. Al final del texto nos enfrentamos
con la muerte de Molina, al aliarse en cierto modo a la causa revolucionaria
en su función de mensajero, o sea, encarnando al héroe-víctima-guerrillero.
Por otro lado, asistimos a los devaneos fílmico-eróticos
de Valentín moribundo, a la manera en que lo hiciera anteriormente
su interlocutor. Esta "apropiación" de identidades y la posterior
eficacia de la muerte aparecen en el texto como burlona mueca irónica
Las narraciones se constituyen en el artificio que permite a estos
sujetos instrumentar una realidad más benévola. Estas construcciones
ficcionales a las que apelan como pasatiempo cumplen la función
primordial -de acuerdo a las palabras de Molina, de protegerlos de la locura.
Lo expresa de la siguiente manera:
-Es que la película era divina, y para mí la película
es lo que me importa, porque total mientras estoy acá encerrado
no puedo hacer otra cosa que pensar en cosas lindas, para no volverme loco,
¿no? ... Contestame.
-¿Qué querés que te conteste?
-Que me dejes un poco que me escape de la realidad, ¿para qué
me voy a desesperar más todavía?, ¿querés que
me vuelva loco? Porque loca ya soy (Pág. 85).
Si bien la locura se entiende como un enajenamiento de la realidad
consensual, en este caso estaría representada por la identificación
masiva -en el sentido de la adhesión indiscriminada, con la realidad
que les ofrece su peculiar situación. La recreación narrativa
de películas es el artilugio mediante el cual Molina se sustrae
de la locura. En el texto se homologa la aceptación de la realidad
a la locura, mientras que el terreno de la fantasía funciona como
amparo y salvaguarda. Podemos pensar que aquí se estaría
filtrando una postura ideológica del autor, quien denuncia de esta
manera la insania del régimen institucional al cual se alude. Se
realiza la ecuación: realidad institucional = locura. Es decir,
la locura estaría anclada en ese sistema punitivo y represor que
hace de la exclusión y el encierro su modus operandi.
Valentín no coincide en principio con esta tentativa de evasión
a través de la crónica de películas y propone en cambio
la concientización política y el estudio. Pero en cierto
modo, Valentín hace uso del material de estudio con la misma finalidad
con la que Molina acude a sus películas. Frente al reclamo que hace
Molina de que se le permita "escaparse de la realidad", Valentín
responde:
-Puede ser un vicio escaparse así de la realidad, es como una
droga. Porque escuchame, tu realidad, tu realidad, no es solamente esta
celda. Si estás leyendo algo, estudiando algo, ya trascendés
la celda, ¿me entendés? Yo por eso leo y estudio todo el
día (Pág. 85).
El material de estudio tanto como el material fílmico brinda
a los protagonistas la posibilidad de situarse en un espacio imaginario
compartido. Es decir, las películas narradas afirman la pertenencia
de Molina a una generación y la concordancia con una cierta estética.
El ejercicio de la lectura, a través del cual Valentín vehiculiza
su afán de trascendencia, lo ubica en el seno de una agrupación
política y confirma su compromiso ético. Molina Y Valentín
realizan de esta manera su inclusión imaginaria en lo que pudiéramos
llamar un programa transindividual.
Privados de movimiento deben apelar a la palabra, en forma oral o escrita,
por vía de la narración de películas en un caso y
la lectura de textos de estudio en otro, como forma de insertarse en un
espacio distinto del de la exclusión. El confinamiento total se
ha transformado en una especie de exilio que desconoce la itinerancia.
La palabra es entonces el operador que les permite cancelar la postulación
de otredad inherente al encierro carcelario.
En El Beso se nos presenta claramente la operación por la cual
el poder ha organizado el sistema de los excluídos. El poder central,
vertical, desplaza al espacio del margen a quienes no acatan sus reglamentaciones
-ya sea explícitas o implícitas. Un homosexual y un disidente
político se han constituído en el otro para la norma autoritaria.
Por su práctica sexual uno, y por sus ideales políticos el
otro, se enfrentan al intento homogeneizante característico del
autoritarismo. Ambos desafían las normativas que confirman y reafirman
a dicho poder. Se impone su exclusión debido a que como lo afirma
Freud "quien ha conseguido violar una prohibición adquiere él
mismo el carácter de lo prohibido; asume, por así decirlo,
la carga peligrosa íntegra" .
Al hallarse en un estado de indefensión motriz debido a su reclusión,
Valentín y Molina se ven compelidos a realizar un esfuerzo suplementario
-cuyo instrumento en este caso es la palabra, para poder constituir un
"semejante". Freud destacó la importancia del componente cinético
en relación con el ámbito representacional , más específicamente
en la constitución del "semejante". Indaga Freud la complejización
de las lógicas de pensamiento y afirma que en primer lugar, el cuerpo
en movimiento es determinante en la función judicativa. Es decir,
a partir de la imitación de movimientos el infante construye juicios
como consecuencia de los cuales considera a otro semejante de sí.
Así, el movimiento en el devenir de su acción homologa al
sujeto con un otro. Posteriormente, el movimiento no será la premisa
previa sino la consecuencia de un rodeo -que damos en llamar pensamiento
e implica una mayor complejización del aparato psíquico.
En este sentido, el pensamiento es entonces la sustitución de una
acción, es decir, una acción de ensayo. El proceso se podría
describir de la siguiente manera: todo juicio culmina en una decisión
a la cual se corresponde una acción.
Podemos afirmar entonces que el sujeto es sujeto de la acción
orientada ésta sobre la base del deseo. El castigo que impone el
encierro carcelario es el de desconstituir este proceso que hemos descrito.
Se inhibe la posibilidad de ejecutar acciones sustentadas por juicios propios
dado que el imperativo fundamental es la sumisión y obediencia.
La interdicción del movimiento inherente a la reclusión usurpa
al sujeto su capacidad transformadora, por lo que debemos situar a este
sistema punitivo en directa concordancia con una cierta economía
política del cuerpo.
La prisión, con su particular y deliberado emplazamiento espacial,
ejerce ese poder arrasador que destituye al sujeto de toda intimidad a
la vez que lo exila del dominio de lo público. Se le niega al sujeto
el espacio privado y simultáneamente se lo expulsa del espacio público.
Se crea un nuevo dominio: el espacio de la clausura.
Al efectuarse la exclusión del espacio público se desarticulan
concomitantemente los puntos de referencia de la identidad. La clausura
implica justamente el cierre, el freno, del proceso identificatorio que
va del cuerpo al territorio y del territorio al cuerpo. Pero tal restricción
no resulta suficiente para los fines de los aparatos disciplinarios. Se
necesita de ciertos procedimientos específicos que constituirán
al espacio de la clausura en lo que Foucault dio en llamar un "espacio
analítico" . Es decir, el espacio codificado de la distribución
de los individuos
En esta dirección interpretamos el traslado de Molina a la celda
que comparte con Valentín. En el capítulo ocho el lector
se apercibe de que la vinculación forzada de los prisioneros, Molina
y Valentín, a ocupar la misma celda, obedece a motivos claramente
planeados por el orden jerárquico del penal. Está en juego
un deseo extractivo dado que los prisioneros poseen un saber exógeno
a la institución misma. Tal saber necesita ser encauzado dentro
de los límites del penal, para lo cual debe ser desconstituído
en su calidad de secreto. La privacidad del secreto atenta contra la voracidad
informativa de esta máquina de control que es la institución
carcelaria. Ya Freud analizó la emergencia de lo que dio en llamar
la pulsión de saber y concluyó que ésta se conforma
a partir de la mezcla de dos pulsiones conjugadas, la pulsión de
ver -claramente puesta en juego en la organización panóptica
de la prisión, y la pulsión de apoderamiento o dominio -tramitada
en este caso a través del encierro. La pulsión de ver se
establece como fuente mientras que la pulsión de dominio será
la meta. Es decir, me puedo apropiar de aquello que veo y me es ajeno a
través de articular un saber. De este modo, lo visto pasa a ser
no extraño y consecuentemente resulta posible su manipulación.
En otros términos, podemos afirmar que el saber conlleva efectos
de poder e inversamente el ejercicio de poder crea perpetuamente saber.
Siguiendo este modelo, los mecanismos de poder penetran el cuerpo humano,
lo desarticulan, lo exploran y lo recomponen de acuerdo a sus fines.
En El Beso vemos cómo respondiendo a una estrategia cuidadosamente
planificada, Valentín y Molina son situados en la misma celda. Luego
de haber compartido la celda Valentín con otro preso político
por espacio de cinco meses,y Molina diez meses con otros tres "procesados
amorales" son trasladados ambos a una celda común. Tal desplazamiento
obedece al intento de promover un acercamiento entre ellos para que entren
en confianza. La intención que subyace a tal estrategia es la de
lograr la confesión de Valentín a Molina respecto de planes
secretos y operantivos de la guerrilla.
Molina se ve presionado a extraer datos de su compañero de celda
y transmitirlos a las autoridades bajo la promesa de obtener el indulto
que lo dejaría en libertad. Las autoridades del penal intentan de
esta manera manipular la fragilidad de Molina apelando al fuerte apego
que éste siente por su madre. El prometido indulto permitiría
a Molina reencontrarse con su madre, enferma del corazón, a quien
ansía volver a ver con urgencia debido a la real posibilidad de
que ésta muera encontrándose él preso. Este entramado
tejido por el poder carcelario atrapa a Molina creando una disyuntiva en
derredor a la lealtad. Se le presentan dos posibilidades: responder a la
institución delatando a su compañero de celda, es decir,
traicionándolo, o puede ocultar la información recogida,
lo que implicaría también un acto de traición ya que
se estaría apartando del compromiso contraído con las autoridades.
Para facilitar la tarea de obtener información confiada a Molina,
las autoridades crean una táctica específica. Esta consiste
en enfermar a Valentín intoxicándolo con la comida para así
debilitarlo y minar su resistencia. Se consagra entonces una táctica
del suplicio por la cual la enfermedad se constituye en instrumento de
tortura. De esta manera, la enfermedad se nos presenta como herramienta
sistematizada de ataque contra el silencio, único medio de resistencia
del guerrillero encarcelado. Se establece un padecimiento reglado, el suplicio,
que tiene por función arrojar un efecto de verdad mediante la confesión.
Los guardiacárceles entregan diariamente a Valentín comida
envenenada procurando debilitarlo y con la esperanza de que de esa manera,
sintiéndose enfermo y ante la proximidad de su posible muerte, confiese.
Hay un deseo extractivo fundamental, motor y meta de la política
del sometimiento. En esta práctica diaria del envenenamiento se
consolida una cierta liturgia del suplicio. Se trata de un cuerpo invadido,
interrogado violentamente a partir de la intoxicación cotidiana.
Como contracara, asistimos al esfuerzo por parte de Valentín de
resistir a la caída que implicaría declararse enfermo. Ante
la sugerencia de Molina de que se haga atender en la enfermería
para calmar las fuertes puntadas que le provoca la comida del penal, Valentín
replica:
-Le pasó a un compañero, que lo acostumbraron, y lo ablandaron,
le quitaron la voluntad. Un preso político no debe caer a la enfermería
nunca, me entendés, nunca. A vos no te pueden hacer nada con eso.
Pero a nosotros sí, después nos interrogan y ya no tenemos
resistencia a nada, nos hacen cantar lo que quieren... Ay, ayyy... mirá
son unas puntadas tan fuertes... como si me agujereasen... Parece que me
clavan un punzón en la barriga (Pág. 117).
La enfermedad pasa a representar aquel poder irracional, dictatorial,
violento, frente al cual se desata la lucha. En este cuerpo del suplicio
vemos confluir la aplicación del castigo por un lado, y el ansia
de obtención de una verdad, por el otro. La entrega del plato diario
de comida envenenada a Valentín pudiéramos pensarlo como
metáfora pervertida del acto de la comunión católica,
en el cual se ofrece la hostia, representante del cuerpo de Cristo, a fin
de promover la consustanciación con esa instancia superior y alcanzar
el estado de gracia. En el texto, al plato diario de comida envenenada
se le adjudica un poder de reconversión. Se supone que su ingestión
logrará operar los cambios que llevarán a integrar al seno
de la institución a quien no había actuado en concordancia
con ella. La comida envenenada, con sus efectos, promoverá la confesión.
Este plato tóxico, de cumplir con los efectos esperados, sellará
la comunión entre el prisionero y la institución carcelaria.
Debemos resaltar que el representante metafórico de la hostia es
en El Beso el veneno, lo cual considero significativo como forma de denuncia
del funcionamiento perverso del poder estatal en los años en los
cuales se desarrolla esta ficción.
La comida cumple diferentes funciones en la trama de la novela. Básicamente
podemos afirmar que juega un papel fundamental como mediatizador de alianzas.
Por un lado, como ya lo hemos señalado, la institución deposita
en ese plato diario tóxico que se le entrega a Valentín el
poder de reconversión; por otro lado, Molina realiza un particular
manejo a partir de los alimentos que reclama al Director del Penal. Estos
alimentos son demandados por Molina a fin de encubrir a Valentín
el verdadero motivo de sus reuniones con el director del penal. Como coartada
para ocultar la verdadera razón de estos inhabituales encuentros,
Molina y el Director deciden pretender que quien solicita la presencia
del primero es su madre. El simulacro entonces se completa con la entrega
de comida por parte de las autoridades, en paquetes, tal como lo hacía
la madre de Molina en cada una de sus visitas.
La comida entonces tiene el peso de ser el elemento mediante el cual
se transforma una situación irreal en verosímil. Estos paquetes
de comida son los representantes de una mentira, las supuestas visitas
de la madre de Molina, que se enuncia como una verdad. El plato diario
envenenado que se le suministraba a Valentín tenía por función
extraer la verdad, vía la confesión; estos paquetes de comida
que le son entregados a Molina ocultan el engaño, orquestado en
función de llegar a conocer los reales contactos de Valentín
con las células guerrilleras. Pero en realidad, a través
del acuerdo que pactan el director y Molina se invierte el signo que caracteriza
la prisión. La "alianza" de Molina con las autoridades posibilita
la suplantación de la mala comida intoxicante, por comida buena.
De este modo, por medio de la entrega periódica de alimentos, la
cárcel deja de ser agente de privación y se constituye en
institución nutricia. Al compartir Molina estos alimentos con Valentín,
evita la progresiva intoxicación de éste y hace posible su
recuperación. De esta manera, la aceptación colaboracionista
de Molina deviene claramente estrategia de resistencia.
Planteamos El Beso como novela política. Y en esta postura concordamos
con las declaraciones que el autor hiciera en entrevista con Armando Almada
Roche, al definir la novela como "el libro más comprometido que
he escrito" :
Podríamos decir que es una novela contestaria, aunque este calificativo
no es de mi agrado. Sí, indudablemente, que existe un compromiso
político en esta novela puesto que toma partido por la libertad
de elección de dos hombres condenados; uno, Molina, preso por corruptor
de menores, condenado y marginado por la sociedad por su homosexualidad,
que nuestra sociedad la envuelve en un cerco condenatorio que la margina
y la oculta. El otro, Valentín, el revolucionario, no sólo
marginado sino también perseguido por la sociedad. Los dos sufren
las consecuencias de la falta de libertad.
En este libro denuncio, alego, muestro a contraluz las lacras de una
"moral" argentina de los años 70, y tomo partido por estas especies
de prototipos marginales mostrando y denunciando -reitero- cómo
es manipulada la libertad por el establishment
Si bien en El Beso hay denuncia, alegato, podemos afirmar que en la
construcción de su novelística se aleja Puig del esfuerzo
mimético, característico de la novela realista o de la literatura
testimonial.
El acontecer de la novela se sitúa en el año 1975, momento
caótico y violento de la Argentina, bajo la presidencia de María
Estela Martínez, viuda del General Perón. El movimiento peronista,
que había logrado aglutinar a grupos reaccionarios de la derecha
que desde el comienzo habían mostrado su apoyo, y a grupos de izquierda,
antaño opositores, deviene en escenario de confrontaciones violentas
por disidencias en el interior de sus filas. A este panorama confuso se
agrega la total ineptitud de la Sra. de Perón para desempeñar
su función de presidente, quien sume al país en una profunda
inestabilidad en lo político, en lo social y en lo económico.
Por otro lado, la actividad subversiva -que comienza en las zonas rurales
como manifestación del descontento- se expande a los centros urbanos
y arremete con raptos, asesinatos, atentados y enfrentamientos armados.
Como respuesta a la situación de desobediencia civil colectiva,
se implanta el Estado de Sitio a la vez que se organizan operaciones militares
y paramilitares para cercar a los focos guerrilleros. Comienzan a operar
entonces, con reconocimiento y bajo el comando ideológico de José
López Rega, Ministro de Bienestar Social del gobierno, fuerzas parapoliciales
-autodenominadas Acción Anticomunista Argentina- responsables de
múltiples aberraciones. El país se encontraba en un estado
de conmmoción interna en el campo social, político y económico.
Esta situación de descontrol general colaboró para que el
24 de marzo de 1976 -año en que se publica El Beso- las Fuerzas
Armadas irrumpieran con un nuevo golpe de Estado, suspendiendo el proceso
democrático. Asumió entonces la Junta de Comandantes Generales
de las Fuerzas Armadas y se inició lo que se dio en llamar el "Proceso
de Reorganización Nacional", con una duración de siete años.
El Beso dialoga a través de su trama con estos elementos metaficcionales.
Puig hábilmente enlaza la Historia con la historia, y configura
a ésta como narrativa polifónica en la que las "voces de
los amos" , ceden la palabra a dos marginados sociales. La voz de Molina,
a través de los relatos fantásticos de películas,
brinda el alimento imaginario que permite a ambos presos trascender el
opresivo espacio de la celda, lo cual conjugado al alimento real que representa
la comida que efectivamente logra que les sea suministrada, confirman la
sutil y sostenida capacidad de resistencia encarnada en este personaje.
Molina es el estratega de la creación de un espacio de libertad,
que se desarticula y sucumbe en el acto de su propia muerte.
Interpretamos el desmoronamiento de la opción utópica
como un gesto crítico destinado a confirmar la necesidad de la Historia,
en tanto "las utopías parecen ignorar la diferencia, reducir la
multiplicidad y la diversidad, y excluir la opción, el conflicto,
la complejidad y la historia" . Frente al congelamiento de estas instancias
que imprime la abstracción utópica, El Beso se impone como
reevaluación crítica en los órdenes micro y macropolítico.