POEMAS ELEGIDOS

Por Eduardo Sollazzo
 

Nunca habrá hogar
para esas hojas recién nacidas
que el viento arranca de los árboles.

Nunca habrá hogar
para los sonidos
que rasgan los océanos.


Canción negra que crece
al compás de los faros del cielo.
Canción negra
que crece.
Ruidos en la ventana.
Canción negra que al compás del cielo
va creciendo.

Canción invisible que crece
al son de los silbidos ancianos.
Canción invisible
que crece.
Ruidos en la ventana.
Canciones invisibles al compás de los pasos fantasmas.

Aceros y flores sobre el parque:
Lápidas marmoladas.

Brasas de antiguos fuegos caníbales
Toses en el aire de medianoche
para correr hacia la colina.
Rumores que acechan.

Lápidas nuestras con ojos cegadores.
El camino incendiado hacia
El refugio.

Tus cabellos llegaron antes.

Corre.


Las rutas de veneno no engendran plomizos
cielos de agosto que vuelan sobre nuestras
cabezas. Inclinamos caminos hacia el mar.
Sacudimos alas ajenas.
Corremos sobre piedra caliza y nos hundimos.
No cantamos.
Ni bailamos.
Sólo caminamos y nos hundimos hacia otros
seres. Entre los escombros del invierno.
Entre el río salado
y el mar arrebatado.
Y entonces los pájaros huyen.
Marchan muy juntos hacia el Sur.
Sur de blandos cielos invernales.
Hojas fantásticas y polen ausente.
y corremos sobre piedra negra y aguas cansadas.
Sobre surcos de la tierra.
Rutas de deseo imperioso. Remamos y remamos
entre arenas que no son nuestras. Pasillos y
pasillos que se apilan.

Las nevadas que cubren los ojos y las pisadas
de criaturas furtivas nos hielan.
También entre el polvo y la carretera encontramos
- a veces - nuestros ojos, humedecidos.
Lagrimeantes.
En expresión de abrazo.
En actitud decorosa.

Y llegan los viejos soles. Entonces los cuerpos
quieren sus caricias de templo griego.

Marcas en el aire. Pliegues antiguos que
velarán el ánimo y la dicha.
El sonido vivo del viento.
El color del horizonte.

Llegan prontas tus manos a las mías,
dirigiendo el hueco culto coloreado.
Las tormentas aún no cuentan. Ni silban presurosos
los cuervos, anunciando el fin de la tarde.

Placenteramente robamos a los árboles sus
frutos recién nacidos. Perdemos de vista el
instante súbito y rasante del pájaro azul.

¿Cuál de todos los niños solitarios - jugando
en arenas desiertas -, ha llorado?
¿Alguien escucha?
¿Es sólo imaginación? ¿Me engaña el sol
reflejado en las aguas?

Vientos. ¡Pobre alma que no quiere huir!
Vendrás en octubre, cuando ya vuelven
los otros.
Cuando quieras decir alguna palabra.
Cuando el corazón se abra.


Si los huesos respiraran,
seguramente habría vendaval.
Si la garganta agitara cerebros,
tendríamos humos receptivos.
¿Podría existir el vacío?
¿El vacío póstumo?
¿Póstumas palabras?
Sé que sabes.
Sé que ves ahí, donde el agua inunda.

Tu piel abotagada
el pelo suelto en perpetuo origen.

Si el ojo sube, las lágrimas bajan.
El clavel negro en saludo negro.
Piel de clemente mirada.
Tuyas, las veces que podrían haber sido.
Míos, los llantos, las risas, el refugio.

Malditos respiros austeros.
Cuchillo neutro.



 

Los vientos fríos (que arrasan con los paisajes delante nuestro)
Las aguas profundas (salidas de océanos desconocidos, lautremontianos)
esparcen su sal funesta sobre cuerpos desnudos corriendo.
Los vientos hechizados, salidos de lugares inéditos, trepando los escalones
últimos, derruidos por los siglos, de escaleras de arena,
maltratando cuerpos desnudos corriendo.

Cuerpos desnudos corriendo, avanzando en sentido contrario, comparando
alas y ojos, manos y cabellos perdidos. Gordos cuerpos inflados de aire.
Culos enormes tapando huecos terrestres.

Tu amor no sirve a nadie, salvo al mar disidente, al árbol ausente.

Cuerpos desnudos corriendo, cayendo a borbotones sobre otros cuerpos
desnudos corriendo, cayendo a borbotones sobre otros cuellos
amargados, congregados a orillas de inhallables barcos hundidos.

Plasma tu callo plantal en la arena virgen, en la arena virgen.
Deja tu huella - mano cubierta por un guante - en el indefinido cemento
de la calle principal (auto atronador que vuelve de viaje caluroso).
Los vientos fríos no significan invierno.
Las aguas profundas significan deseo.


Golpeo puertas sin gente detrás.
En el desierto, puertas sin sombras.
No había vida en su cara
ni aliento en su pena tan amarga.
Y vienen voces rasgando el aire.

No oigo nada que acalambre,
nadie que arbitre en la contienda.
No veo tu cara frente a mí.
No veo mi cara frente a mí.

No me nombres así,
Con angustia, con pavor.
- No había sangre en su mano -.
no, no había vida en su cara.
Y, mientras que el temor invade,
el suelo se quiebra.

Todo este mal y todo este bien,
tan hondo ha calado en mis huesos.
Las voces, las cicatrices, los suspiros,
Tú. Imagen de piedra, imagino.
- No, no había piedad -.
Ni hablé cuando debí hacerlo.

“Puedo oír el agua bajo mis pies,
el viento en mi cabello”, dices.
“No lloro porque sí.
ni entenderías”.

Pero entonces,
¿Debo partir?
¿Ahora, cuando el invierno está próximo?

Si los fuegos realmente quemaran,
si los árboles dieran sombra,
si refrescaran este aire maldito,
entonces perdería el miedo,
y el aullido cesaría.

“Sigue el camino hacia adelante,
hacia la voz conocida”.
Y entonces fui el último,
el desechado.

me perpetúo en desorden.
 


Corriendo durmiendo cayendo
Corre duerme cae.
Caí.
Corro duermo caigo.
Corres duermes caes
Caíste.
Brillo de sol detuvo el viento invasor
viento del sur
Brillo de sol detuvo mi figura que corría.
Mi figura que corría a través de niebla y más niebla.
Viento invasor detenido justo a tiempo por el brillo de sol
Brillo de ojos encendidos (Noche de Brujas)
Corriendo durmiendo cayendo
Caigo vuelvo a caer vuelvo a levantar vuelo
Caes sobre mi.
Viento sur de mal agüero
detenido no tan a tiempo
detenido no tan a tiempo
Me detengo ante una estatua que se mueve de un lado a otro
(como bailando)
como queriendo bailar para nosotros
como queriendo decir o predecir lluvias
Bailo sólo por la noche.

Bailo sólo por la noche.


Tengo los recuerdos amarrados por la cola
y tengo también
tengo también nuestros olvidos amarrados por la cola.
Tengo los recuerdos que me quedaron bien presentes
y eso no es bueno.
Y eso no es bueno

Tengo tantas palabras amarradas y que no salen
tantas que me paralizo
tantas son que me paralizo
y tengo también presentes los olvidos que me duelen
algún día me cubrirán tal vez demasiado
mientras tanto

mientras tanto

Puedo oler el no perfume de mi habitación
mi habitación tan desesperadamente desordenada
mientras tanto

Mientras tanto mi tiempo va pasando
a veces duele
a veces molesta
a veces finjo.

A veces  mientras tanto  a veces
a veces finjo placer
y finjo también sonrisas mentirosas
mentir  mentir  mentir
creo a veces que todo es un muy mal sueño acordonado
atado a mí.
y yo también atado a mí

Mientras tanto.


He visto a hombres definitivamente ciegos,
con trapos que cubrían sus ojos ante el sol,
que con las manos atadas a sus espaldas
no sabían si correr o cantar.
Hombres con sonrisas grabadas a fuego, imperturbables.
Hombres con manos atadas a sus costados, como en posición
de firmes, ordenada por algún loco de cabellos lacios.

He visto hombres que también tenían sus ojos fijos
en algún fuego sin sentido, ciegos absolutamente.
Hombres con pies de plomo, sacudidos por la tormenta.
Que no sabían si decir algo o callar.
Y mejor, claro, callar.
Hombres con millones de palabras echadas por la borda,
sin ningún sentido. Y claro, mejor algo que nada.
Hombres con hombros encorvados, como náufragos de siglos pasados.

También he visto caminar a unos cuantos a mi lado.
Sin saber qué opinar.
Y claro, mejor algún rumor inentendible que nada.
O nada, en lugar de algo errado.
También los he visto queriendo aprender cosas inconcebibles.
Como caminar con las manos y esas cosas.

Finalmente, he visto a unos cuantos queriendo llorar sin poder hacerlo.
Queriendo palmear a alguien, y éste corriendo a un costado.
Los he visto a todos queriendo amar a otro.
Y sin poder hacerlo.
Queriendo amar a sus seres más cercanos.
a sus seres más cercanos.
Los he visto arrodillarse ante iconos incomprensibles,
ante estatuas de sal, que al minuto siguiente estaban por el suelo.

me he visto a mi mismo, frente a algún espejo desvencijado,
queriendo imitar los ademanes de otros,
las lágrimas de mis seres más queridos.
de mis seres más amados. Los que nunca están.

Me he visto a mi mismo en tinieblas,
en brumas de humo y algo más.
En nebulosas noches de invierno, queriendo
saber quién soy definitivamente.
me he visto ante rostros parecidos, sin encontrar respuesta.
Ante voces algo conocidas, que significaran un poco de luz.

(Te he visto, muchas veces, desperdiciando el tiempo
hablando rudamente sobre cosas vanas.
Una cara a medias. Sin embargo, hermosa.)
 

Algunas veces lastimé tu foto en mi cabeza,
dejándola aparte de mis planes, cuando aún podía reconstruirla.
Algunas veces, mi guitarra sacó sonidos desafinados que
colmaron tus oídos y te hicieron llorar.
Y ahora, justamente ahora, las horas oscuras vuelven a mi.
A tu recuerdo postergado tanto tiempo.
Un teléfono que suena y nadie contesta.
Un teléfono que debería tener la voz de alguien, por lo menos.

He visto que algunos dejan sus recuerdos de lado por el
resto de sus días.
Otros que mueren con ellos.

A ellos, mis saludos.
Mi tumba dirá:
"Contempla el mar".


En cuanto se pone al día uno con sus asuntos,
tiemblan, o así amenazan con hacerlo,
los latidos del corazón.

En cuanto la mañana amenaza con despuntar,
en este temprano invierno,
todos tenemos muchos asuntos que poner al día,
demasiados latidos sentados cómodamente.

El otro día te vi, luego de mucho tiempo,
intentando dar pasos en una calle demasiado transitada.
Me hice el tonto, aparentando no ver.
Mis cosas quedaron tal cual.
Con menos tiempo.
Aún recuerdo ciertos enigmas
que me atan al amanecer.

A través de mi ventana veo este temprano invierno
que logra entrar sin llamar.
Nunca necesita llamar quien tiene las puertas abiertas.

He perdido cierta compostura ante los otros,
cierto dejo de urbanidad.
Quien antes saludaba, ha dejado de hacerlo.
y ese rumor ha llegado a mí.

No es nada grave,
sólo que está temblando todo mi cuerpo.
Mis ojos ya no distinguen alguna figura en claro,
y quisiera poder hacerlo.

No te preocupes,
es sólo que no sé muy bien qué decir,
Cómo actuar,
dónde permanecer eternamente.

En algún arranque de máquinas,
En algún campo otoñal,
En ciertos gestos,
En algunos designios,
En algunos roces,
En ciertos equilibrios,
En ciertas demostraciones...